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Tenis

Nadal, el perpetuo renacimiento

Luis Miguel Pascual

París, 10 jun (EFE).- La mejor medicina para Rafael Nadal se llama Roland Garros. Cada vez que el español toca suelo, el olor de la tierra batida de París despierta sus sentidos, le devuelve su mejor versión de un tenista que no se cansa de renacer.

Tantas veces lo ha hecho el balear, que ya nadie se atreve a enterrarle. Nadal ha construido una leyenda forjada en torno a la Copa de los Mosqueteros, pero como él mismo reconoce, basada en su propia capacidad de superación, en la constante búsqueda de la perfección.

- 2005 En primer renacimiento, antes de nacer

Antes incluso de ser alguien en el tenis, Nadal ya renació. Una lesión en el escafoides le impidió acudir en 2004 al torneo que soñaba con ganar y al que ya muchos le apuntaban como favorito. Una inflamación en el pie izquierdo incluso estuvo a punto de dar al traste con su carrera. Pero su ambición era demasiado grande y al año siguiente debutó en Roland Garros. Con victoria: "Por primera vez en mi vida lloré cuando gané un partido".

- Los dolores en la espalda de 2006

Nadal asegura que 2006 es su victoria más especial porque aquel año fue un calvario de problemas. Los dolores de espalda le privaron de disputar el Abierto de Australia. Pero, una vez más, el antídoto fueron sus ganas de ganar Roland Garros, donde llegó invicto sobre tierra batida. "Valoro más esta victoria que la del año anterior", aseguró.

- La tendinitis crónica en la rodilla

Quizá su lesión más recurrente, la que más le ha hecho sufrir. En 2009 le lleva a perder ante el sueco Robin Soderling su primer partido en Roland Garros. Para muchos, el final de su carrera, que ya venían augurando con el argumento de que su tenis era demasiado físico, que no podía durar demasiado tiempo.

Al año siguiente se ve obligado de retirarse en cuartos de final del Abierto de Australia. Nadie da un duro por él en un Roland Garros, que gana sin perder un set. "Era un reto personal volver a mi mejor nivel", aseguró el balear tras levantar el título por quinta vez, antes de encadenar las victorias en Wimbledon y el Abierto de Estados Unidos.

- 2013, la extraordinaria recuperación

Tras ganar la edición de 2012, su físico vuelve a jugarle una mala pasada. Se pierde los Juegos Olímpicos, donde iba a ser el abanderado, y el Abierto de Estados Unidos. Pero al año siguiente regresa por todo lo alto a "su" Roland Garros para imponerse tras superar en la semifinal más épica al serbio Novak Djokovic y en la final a David Ferrer. "Si crees que no puedes mejorar no sabes nada de la vida", asegura tras morder la octava Copa de los Mosqueteros.

- 2017, el regreso de la nada

Por primera vez desde su el inicio de su carrera profesional, Nadal encadena dos años consecutivos sin ganar en París. Ya nadie cuenta con él. En 2015 sus piernas le torturan y pierde en cuartos de final de Roland Garros contra el serbio Novak Djokovic el segundo partido de toda su carrera en ese torneo.

Al año siguiente, un problema en la muñeca le obliga a retirarse en la primera semana.

Contra todo pronóstico, en 2017 vuelve a ser el mismo cuando se acerca la tierra. Gana Barcelona, Madrid y Hamburgo y se pasea en Roland Garros: décima corona, tercera sin perder un set. "¿Qué se reanude la fiesta", exclama en su portada el diario "L'Équipe".

"Mi motivación está intacta", avisa a quienes le daban por perdido.

- 2018, el pistón baja

La salud le sigue jugando malas pasadas y se ve obligado a renunciar a la mitad de los torneos programados. Pero, pese a todo, la tierra batida sigue siendo un bálsamo. Gana Montecarlo, Barcelona, Roma y, por supuesto, Roland Garros.

Tras retirarse del Masters 1.000 de Bercy en el final de la temporada aseguraba: "Voy a intentar hacer las cosas lo mejor posible para estar en el circuito el máximo tiempo posible".

- El enésimo renacimiento

La rodilla le obliga a retirarse de Indian Wells. Nadal ha perdido la fe y le cuesta encontrar motivación para seguir. Ni el contacto con la arcilla parecen reanimarle. Pierde en semifinales de Montecarlo y de Barcelona. Toca fondo. En la Ciudad Condal se encierra en una habitación. Su equipo no cree que pueda llegar en forma para ganar Roland Garros. El mallorquín, de nuevo, acepta el reto.

Recupera su mejor versión en Madrid, aunque aun no está al cien por ciento y cae en semifinales contra el griego Stefanos Tsitsipas. Pero en Roma ya está a punto y la victoria en la final contra Djokovic le convencen de que la duodécima es posible. "Cuando te llevas muchas bofetadas acabas herido" pero "estoy satisfecho de haber sabido apreciar los pequeños avances para recuperarme". El Ave Fénix, de nuevo, regresa. EFE

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